El combinado empresarial

Objetivos y estructura del Syndikat

La traducción literal de “Mietshäuser Syndikat“ es “Sindicato de casas de alquiler”.
Pero la palabra “Syndikat” en alemán no significa lo mismo que en español donde se limita al mundo del trabajo. Significa una “asociación para defender intereses comunes”, “combinado” o “federación”.
Las “casas de alquiler”, en este caso, son las casas en propiedad común en cesión de uso, pagando sus miembros una mensualidad de alquiler.

Revoltijo de proyectos

En 2018, ya son 158 ccasas existentes (“Hausprojekte”) y 16 iniciativas de proyectos que juntos forman un grupo fijo. El nexo que mantiene este grupo unido se llama “Mietshäuser-Syndikat” [1]. Las casas, sin embargo, no pertenecen al Syndikat: cada uno de los 158 proyectos existentes es autónomo, es decir, cada casa jurídicamente es independiente con una empresa propia que posee el inmueble. Todos tienen la forma jurídica de una “S.L.”, “Sociedad de responsabilidad limitada”. Y cada vez somos más. En general, el combinado empresarial del Syndikat está abierto a nuevos proyectos autogestionados, como lo son las 16  iniciativas antes mencionadas, que están en proceso de hacerse con “su casa”. La consecuencia es que el grupo sigue creciendo animadamente.

¿Cómo funciona el Syndikat? ¿Cuál es su objetivo? Si nos lo cuestionamos críticamente: ¿Qué sentido tiene crear una interconexión fija entre un número grande y creciente de casas autónomas, entre proyectos que, a veces, se encuentran a cientos de kilómetros de distancia? Cuy@s habitantes, en muchos casos, no conocen a la gente de los otros proyectos. Y cuyas diferencias saltan a la vista, desde el tamaño y la ubicación hasta la génesis del proyecto y los objetivos sociales y políticos que persiguen. ¿Cuál es la idea que une este revoltijo de identidades de diferentes proyectos? Y en último lugar, aunque de gran importancia, surge la pregunta: ¿Por qué cada casa ha decidido que su propiedad tenga una forma jurídica profundamente capitalista, la S.L., y no la de una una cooperativa?

Apropiarse de casas colectivamente

A pesar de las diferencias, en todos los proyectos se da una situación inicial parecida:

  • Aquí un grupo emprendedor que pone su punto de mira en casas vacías: quieren, por fin, poder vivir junt@s. Buscan un espacio de vivienda lo suficientemente grande y, sobre todo, autogestionado, muchas veces en combinación con espacios pensados para el uso por parte de otra gente y grupos, para eventos, proyectos y talleres.
  • Ahí los inquilinos de toda la vida de un edificio de alquiler que no se resignan a los planes de venta por parte del propietario, sino que desarrollan una visión: la de “hacerse” con su casa y autogestionarla.
  • Allí l@s okupas de un así llamado “objeto de derribo” en búsqueda de una perspectiva de futuro, a pesar de los altibajos entre amenazas de desalojo y negociaciones.

Tod@s tienen en común el deseo colectivo de una casa en la que se pueda vivir de manera autogestionada, sin miedo a un futuro desahucio o derribo; con espacios asequibles que no estén latentemente amenazados por la venta o la utilización por parte del propietario. Con este deseo suele nacer un proyecto.

Como tod@s sabemos, en el mercado inmobiliario corriente no se ofrecen casas de alquiler en las que sus habitantes se puedan plantear una autogestión propia, duradera y colectiva. Por ello, el grupo afectado, que carece de alternativas realistas, traza en algún momento el audaz plan de fundar una asociación de inquilinos con el objetivo de comprar el objeto de deseo.

La cuestión del capital

Desgraciadamente, este deseo de crear viviendas o proyectos autogestionados casi siempre va acompañado por la escasa dotación de medios económicos de sus miembros. Al tener en cuenta las cantidades requeridas, el capital del que disponen no llega más allá de algo simbólico. Para la adquisición del inmueble, la asociación de la casa tiene que pedir prestados cientos de miles de euros: con créditos bancarios y/o préstamos directos (participaciones solidarias) de personas que quieran apoyar el proyecto y que, para ello, “aparcan” en él sus ahorros (“créditos directos”, más adelante los trataremos en detalle). No es tarea fácil.

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Los créditos bancarios cuestan dinero permanentemente por los intereses y la amortización. Muchas veces suponen más de tres cuartos del alquiler. Si el alquiler ha de ser socialmente sostenible hay poco margen de maniobra, y el proyecto es financiable sólo con créditos a intereses muy bajos. Durante la fase de arranque, cuando los costes del crédito son más altos, la economía de todos los proyectos oscila sobre la cuerda floja.

A esto se suma que los grupos se aventuran en mundos desconocidos, como lo son las negociaciones de venta y las imposiciones políticas, la búsqueda de la fórmula jurídica adecuada y de créditos directos, la creación de una dinámica de grupo, y, por último, pero no menos importante, las actividades de la construcción del edificio. El camino que tiene que recorrer cada grupo para conseguir una casa propia es una auténtica carrera de obstáculos. ¡Ésto puede ser más fácil!

La mirada más allá del propio portal

Miramos más allá de los límites territoriales de cada proyecto e involucramos en nuestros planteamientos más casas y proyectos. Es cierto que todos los proyectos, en su fase de arranque, se encuentran con dificultades similares, pero al cabo de unos años hay diferencias.

Debido al gran número de proyectos no todos ellos se encuentran simultáneamente en la difícil situación inicial. La comparación entre las diferentes situaciones de proyectos nuevos y casas establecidas impone la idea de que es necesario lograr un equilibrio entre estas diferencias.

Organizar el equilibrio

  • Las casas ya existentes deben asesorar a las de iniciativas de proyectos nuevos y transmitirles sus conocimientos: no hay por qué empezar siempre de cero. Además, pueden dar apoyo público si la disputa por los inmuebles produce confrontaciones políticas.
  • Lo más importante: Gracias a la paulatina amortización de los créditos, la carga de intereses que pesa sobre las casas más antiguas es notablemente inferior y sigue bajando rápidamente a lo largo de los años. Por eso, esas casas deben transmitir su superávit a los proyectos nuevos en vez de utilizar sus crecientes márgenes económicos para otros fines y/o para reducir sus alquileres.
  • Si nos lo planteamos a la inversa: El contacto con proyectos nuevos y su dinámica fresca y la participación en las confrontaciones políticas en torno a estos proyectos nuevos podrían revolver las aguas estancadas de algún que otro proyecto envejecido.

De todas formas, este equilibrio entre casas y proyectos autónomas no surge automáticamente, sino requiere organización. Sobre todo es necesario crear un vínculo duradero entre todos, un vínculo que posibilite y facilite la transferencia de recursos y la comunicación necesaria para este fin. Organizar estos enlaces solidarios es el objetivo básico del Syndikat, formulado por primera vez en 1989 en el proyecto “Grether” (Friburgo). A partir de allí se fundó la asociación del Syndikat en cuyos estatutos (1992) figura como objetivo: “Dar apoyo para la creación de nuevos proyectos de viviendas autogestionadas y dar apoyo a implementarlos a nivel político: derecho a una vivienda digna, derecho al techo para tod@s.”

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