Financiación

Financiación

El dinero, una cuestión incómoda

Edificios y solares son muy caros, sobre todo en áreas metropolitanas. Un proyecto necesita en su fase inicial gran cantidad de dinero, por lo general muy por encima de las cantidades que puedan aportar las personas del proyecto.

¿Por qué no prestar el dinero a los bancos y cajas de ahorro? Los bancos financian proyectos inmobiliarios ya que por un lado tienen su crédito asegurado mediante las cláusulas de propiedad durante la financiación y por otro lado, los ingresos a través de las mensualidades del alquiler representan una fuente de ingresos bastante estable: el banco, al financiar un proyecto, asume un riesgo bastante bajo.

El problema con el capital inicial propio

Por un lado, los créditos bancarios son caros, además, los intereses actualmente bajos pronto subirán de nuevo. De todas formas, son demasiado caros para proyectos con objetivos sociales como son las viviendas con alquileres asequibles. Por otro lado, el banco solo da dinereo viendo que los futuros propietarios puedan aportar una cantidad considerable de capital inicial propio. Por lo general, exigen que ese capital propio inicial sea alrededor del tercio del coste al que se elevan la compra y la construcción o rehabilitación. Es una cantidad que la gente del proyecto no puede aportar. Los 25.000 € que actualmente son el capital social de la S.L. de un proyecto es una cantidad decente y más bien simbólica comparado con el coste total del proyecto.

Créditos directos como ayuda financiera solidaria

En vez de pedir el dinero caro a los bancos ¿por qué no pedirlo a gente amiga y solidaria? Mejor es tener 1000 amigos reales que un único banco que no será nunca tu amigo. Nuestro modelo es: Personas particulares o grupos que simpatizan con nuestras ideas y nuestro modelo prestan dinero a la S.L. de la casa para evitar de tener que pedir todo a un banco. Y con ello saben que su dinero se destinará a un proyecto social y no a financiar cosas dudosas que suele ocurrir con el dinero depositado en los bancos. Esta forma de financiación solidaria la llamamos „crédito directo“ o bien „participación solidaria”. De esta manera ahorramos costes de capital y podemos mantener el alquiler a niveles aceptables. Además, los créditos directos en muchos casos ayudan a completar el deficitario capital social inicial exigido por el banco ya que algunos bancos aceptan estas participaciones como capital social inicial.

Las 128 casas del Syndikat se han visto beneficiadas por este modelo y las generosas participaciones solidarias, llegando con ellas al 48 % del capital inicial necesario.

Mucha gente que ha depositado su dinero en nuestros proyectos lo ha hecho aceptando unos intereses bajos, otros incluso han renunciado a cobrar intereses.
La devolución de estos créditos directos, depositados para un tiempo previamente acordado, se realiza con los ingresos que tiene la S.L. a través de las mensualidades de alquiler y también a través de nuevos créditos directos. Esto permite mantener los alquileres bajos.

Riesgos y efectos secundarios

Los créditos directos no están excentos de riesgo. Los proyectos no son entidades bancarias y por lo tanto no pueden ofrecer las correspondientes garantías para la inversión. El modelo del Syndikat hasta ahora se ha presentado como un modelo de éxito. Sin embargo, no se puede descartar del todo que alguno de los proyectos fracase. (ver apartado „Un proyecto fracasa“)

El que quiera ayudar a un proyecto mediante un crédito directo debe estar informado bien antes de tomar la decisión. En una entrevista personal con las personas interesadas comentamos las posibilidades que ofrece nuestro modelo de financiación a „inversores directos solidarios“, aclaramos dudas e informamos sobre posibles riesgos y el marco legal.

Las formas de financiación fuera del sector bancario, como la de nuestro modelo, están sometidas a cada vez más reglementaciones y restricciones por parte del Mecanismo de Control Bancario. Con lo cual, la ayuda financiera a proyectos de casas o a otras iniciativas de la economía social y solidaria está cobrando cada vez más relevancia política. Por un lado, los políticos y las administraciones reclaman “implicación ciudadana”, pero por otro lado dejan solas a las personas que quieran realizar un proyecto inmobiliario fuera del mercado inmobiliario que está orientado al beneficio. Hasta ahora no está previsto dotar un proyecto social con garantías municipales o estatales. Solo algunos ayuntamientos interesados en las casas comunitarias como modelos con proyección de futuro ofrecen una cierta ayuda económica. La ayuda solidaria, en nuestro sistema capitalista, es y sigue siendo un „potencial de riesgo“.